Según un reciente informe del Centro de Investigación y Vinculación Económica (CIVE) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UnCuyo realizado para la Corporación Vitivinícola Argentina, la estimación de la carga impositiva durante 2022 impactó en mayor medida en las explotaciones vitivinícolas medianas y pequeñas.
La investigación de los economistas del CIVE, Alejandro Trape, Juan Pott Godoy y Lucía Vallejos, tuvo por objeto estimar la carga impositiva que soporta el sector vitivinícola de Argentina. En tal sentido se trató de una actualización y ampliación de los elaborados en 2017 y 2019. Como en aquel caso, se define como “carga impositiva” a la relación entre: el total de impuestos que tributa la empresa (ya sea una finca o una bodega integrada o no) y el excedente de explotación empresaria (que refleja la remuneración al factor empresario).
La estimación se realizó para dos tipos de escenarios, cada uno correspondiente a un tipo de explotación vitivinícola: una explotación “primaria”, que sólo comprende la etapa agrícola hasta la venta de la uva a una bodega y una explotación “integrada”, es decir, que comprende la etapa agrícola, el paso a la elaboración del vino y su fraccionamiento, hasta su venta en planchada. En ambos casos se realizaron tres simulaciones a fin de analizar posible “tamaños” de la explotación correspondiente: para el sector en su conjunto, para una explotación considerada “grande” y para una explotación considerada “pequeña”.
Se han tomado en consideración los siguientes Impuestos: Impuesto a las Ganancias, IVA, Impuestos los ingresos brutos, Impuestos patrimoniales, Impuesto a los débitos y créditos bancarios, Impuestos incluidos en la compra de energía, Impuestos incluidos en la compra de combustibles, Impuestos incluidos en la contratación de mano de obra e Impuestos incluidos en la compra de otros insumos.
Comparación con los resultados de informes anteriores
Tal cono se señaló al comienzo, el problema de la presión impositiva sobre el sector vitivinícola ya fue tratado en dos informes realizados por el CIVE, en 2017 y 2019. La metodología utilizada en aquellos dos casos fue casi idéntica a la que se utiliza en este informe, por lo que los resultados pueden compararse, obteniendo así tres “fotos” de la situación.
La comparativa es la siguiente:
Se realizaron simulaciones adicionales a las presentadas, cambiando algunas variables clave del análisis y también modificando el perfil de la “canasta de producción”:
1) A medida que la empresa direcciona sus ventas hacia el exterior (en lugar de mercado interno), la carga impositiva se reduce.
2) A medida que la empresa especializa su canasta en vinos de alta gama y varietales, dejando de lado los vinos básicos, la carga impositiva se incrementa levemente.
3) Si se trabaja con un tipo de cambio, la presión impositiva sobre el sector integrado decae (en tanto no se alteren los costos) en forma importante.
4) En caso de que se eliminasen las retenciones a las exportaciones, el sector integrado tendría un alivio en su carga impositiva.
En términos generales puede observarse que en las tres simulaciones correspondientes a la etapa primaria la presión impositiva se incrementa sensiblemente en 2019 (respecto de 2017) para luego reducirse en 2022. Aún así, en la última estimación los números son superiores a los de 2017.
En las tres simulaciones correspondientes a la actividad integrada la presión impositiva ocurre un fenómeno similar, aunque no tan marcado ni tan lineal. Los valores de la última estimación se asemejan más a los de 2017 que a los de 2019.
No existe una sola causa que pueda aislarse para explicar estos comportamientos, sino que los mismos son resultado de la interacción del comportamiento de varios elementos y tendencias:
La producción de uva en el país fue baja en 2017 (menos de 20 millones de qq), alta en 2019 (por encima de 25 millones de qq) y en 2022 resultó similar a la de 2017.
Como consecuencia en términos reales, el precio de la uva se movió en consonancia a las situaciones de abundancia y escasez: fue muy alto en 2017, muy bajo en 2019 e intermedio en 2022. Esto colaboró para que los ingresos y las rentabilidades de la etapa primaria se movieran en consonancia, lo que hace que la evolución de la presión impositiva sea inversa: baja en 2017, muy alta en 2019 y media en 2022.
En términos reales, el precio del vino (en general, sin hacer referencia a variedades ni calidades específicas) recorrió un camino similar: fue muy alto en 2017, muy bajo en 2019 e intermedio en 2022. Esto colaboró para que los ingresos y las rentabilidades de la etapa industrial (y de la integrada) primaria se movieran en consonancia, lo que hace que la evolución de la presión impositiva sea inversa: baja en 2017, muy alta en 2019 y media en 2022.
En cuanto a los costos de producción, entre 2017 y 2019 en promedio la mano de obra creció un 61%, los combustibles 130%, la energía 90%, los envases 92% y los agroquímicos 171% (siguiendo al dólar). Frente a esto el precio de la uva se redujo 15% y el del vino tuvo alzas y bajas según la variedad y calidad (en promedio cayó 22%). La consecuente pérdida de rentabilidad en 2019 (respecto a 2017) sin cambios importantes en la estructura impositiva contribuyó a que la presión impositiva se incrementara notablemente, en particular en la etapa primaria pero también en la secundaria.
Siguiendo una razonamiento similar entre 2019 y 2022, se observó que en promedio el costo de la mano de obra creció un 97% para la explotación y un 68% para la cosecha, las horas/tractor crecieron un 25% los agroquímicos 52% (siguiendo al dólar) y el costo delos insumos de fraccionamiento 292%.
De tal forma, el costo de producción de uva (en promedio variedades) subió 258%, y el del vino (incluyendo etapas primaria, elaboración y fraccionamiento) subió 185%. Frente a ello el precio de la uva creció 430% y el del vino tuvo alzas importantes aunque diferentes según la variedad y calidad (en promedio subió 490%)15.
La consecuente mejora en la rentabilidad en 2022 (respecto a 2019) sin cambios importantes en la estructura impositiva contribuyó a que la presión impositiva se redujera tanto en la etapa primaria como secundaria. De tal forma los indicadores para el sector y diferentes tamaños de fincas y bodegas resultaron sólo un poc más altos que los de 2017, aunque sensiblemente inferiores a los de 2019.
Conclusiones
Estos resultados muestran a la fecha del presente informe un nivel de carga impositiva inferior al calculado en 2019 (levemente por encima del obtenido en 2017). Esto ha ocurrido porque si bien el tipo de cambio ha subido considerablemente, también lo han hecho los costos de producción (aunque en menor medida), lo cual considerando la baja nominal de los precios de venta dan como resultado el incremento en la presión impositiva, calculada correctamente.
Ver informe completo: https://www.bolsamza.com.ar/wp-content/uploads/2023/04/InformeFinalCompleto-2022-1.pdf




