Jorge A. Day – IERAL Mendoza
Durante las últimas semanas, ha sorprendido el número de personas chilenas que vienen a Mendoza a comprar, no ropa ni equipos informáticos, sino productos de consumo masivo. Este fenómeno ya se viene experimentando desde hace un buen tiempo en otras ciudades del país que limitan con países vecinos. Generan mayores ventas, pero el temor regional es si perjudican a la población argentina con desabastecimiento o más inflación.
Hechos
Desde hace unos dos años, se observan estas compras masivas en ciudades argentinas que limitan con otras de países vecinos. Y en estos meses estas compras se han extendidos a ciudades que se hallan más alejadas (Ciudad de Mendoza).
En el primer caso, en general se trata de ciudades limítrofes con población relativamente pequeñas. Ahora, se incorporan urbes más pobladas. Señal de que, mirada con ojos extranjeros, nuestro país está cada vez más barato. Por ej., para los chilenos, los precios de varios productos en Argentina representan la cuarta parte de los vigentes en su país, es decir, estamos regalados.
Un punto llamativo es lo que compran. En general, cuando los argentinos viajan a otros países, compran ropa y equipos informáticos, y son compras por única vez (en el momento en que hacen el viaje). Es un turismo de “ocio”, en el cual las compras son algo secundario.
En cambio, los extranjeros que actualmente nos visitan, compran productos de consumo masivo (alimentos no perecederos, productos de limpieza y de higiene personal, entre otros). En ciudades limítrofes, no son compras por única vez, sino que nos visitan en forma frecuente. Es un turismo de “ahorro”, en el cual las compras son el principal objetivo del viaje.
Siendo así, con una visión de consumidor, surge la inquietud de si estas compras causan desabastecimiento e inflación.
Si estuviésemos en un país normal, la situación sería la siguiente. En varias de estas ciudades, los bienes que se venden no se producen localmente, sino en otra provincia o en otro país. Entonces, si hay un boom en la llegada de visitantes extranjeros, los comercios locales previamente se aprovisionan de más mercadería, para luego vendérsela a estos turistas. Habría mayores ventas, sin necesidad de aumentos en precios.
El problema está si el número de visitantes y el nivel de compras pasan a ser más altos, de modo que no haya capacidad suficiente para producir esos bienes (por ahora, no estaríamos en ese nivel). En el caso de bienes que se importan, si el nivel de restricciones se incrementa (por falta de dólares en el Banco Central), también podrían aumentar los precios.
¿Por qué se llega a esta situación?
Claramente, estas compras masivas explicitan que Argentina está muy barata, mirada con ojos extranjeros. Eso es señal que el dólar relevante para estos extranjeros (el blue) está muy caro.
Lo cual es razonable, tanto por una mayor demanda de dólares (temor a una mayor inflación y a la incertidumbre económica en el país), como por una menor oferta (el cepo desalienta una mayor entrada de divisas al país).
La situación se agrava por otros elementos argentinos. Primero, el programa de “Precios Justos” implica productos más baratos, si se los encuentra en la góndola. Segundo, algunos productos de consumo masivo son importados, al dólar oficial, que está artificialmente bajo. Tercero, los combustibles tienen precios regulados, muy por debajo de los precios en otros países.
Es decir, esos tres factores se traducen en precios “artificialmente” bajos, que pueden ser adquiridos por los turistas extranjeros. Son tres maneras de subsidiarlos, en un país con problemas económicos.
Impacto regional
El vaso medio lleno es que se vende más. El medio vacío es el temor a mayores precios y a un posible desabastecimiento.
Con este planteo, consideraremos tres indicadores claves: i) cantidades vendidas (¿se vendió más?), ii) precios (en las ciudades limítrofes, ¿han aumentado más que en otros lugares del país?), y iii) ¿hay desabastecimiento?
Un problema es que es difícil hallar datos específicos de “ciudades”. Lo usual es que haya datos “provinciales”, y en algunos casos “regionales” (que agrupan varias provincias), lo cual no permite ser tan preciso a la hora de conocer el impacto de esas compras masivas. Inicialmente, estas compras se realizan entre ciudades limítrofes, que generalmente tienen poblaciones relativamente pequeñas (cercana a los 100 mil habitantes), por lo cual su impacto puede verse desdibujado al considerar los datos provinciales.
Dada esta limitación, a continuación, se presentarán algunos datos relevantes.
Cantidades vendidas: de un informe de Nielsen, se mencionan que las ventas de productos de consumo masivo (netas de inflación) en el país habían incrementado un 4,6% en 2022, impulsado por el “interior del país”. En localidades limítrofes lo habían hecho a un ritmo superior (Clorinda 33%, Iguazú 120%, Posadas 16%, Concordia 13% y Gualeguaychú 27%).[1]
Ahora observando datos provinciales. Entre las más vinculadas a estas compras masivas por parte de extranjeros, se considerarán Misiones, Corrientes, Jujuy, Salta, Chaco, Formosa, Mendoza y Río Negro. Consideremos los siguientes indicadores: consumo de combustibles, y recaudación del impuesto provincial a los Ingresos Brutos (en general, uno de los principales contribuyentes es el Comercio), en ambos para un periodo de dos años, cuando se tomaron más fuerza estas compras masivas.
En naftas, hay un mayor consumo en provincias norteñas y también en Entre Ríos, no tanto en Jujuy, Río Negro y Mendoza (como se comentó anteriormente, recién en este año se notan las compras masivas de extranjeros en la provincia cuyana).
También ha habido mayor recaudación en el impuesto a los Ingresos Brutos en provincias norteñas, aunque es posible que haya habido otros factores que la empujaron (en Jujuy la actividad minera vinculada al litio, y en Formosa y Chaco con la mayor sojización). Ese es un problema de no contar con datos más específicos de ciudades limítrofes.
Otro indicador es el de ventas en supermercados. Ha habido mayores ventas en Entre Ríos, no tanto en las otras provincias. Los comentarios es que los extranjeros compran más en comercios mayoristas.
Un último indicador podría ser la estadía en hoteles. No se observan cambios. Lo cual es razonable, al tratarse de un turismo de ahorro, pocos van a hoteles, y más a departamentos baratos que se alquilan o vienen por el día (más si están muy cercanas las ciudades).
¿Hay desabastecimiento?: cada tanto aparece alguna noticia de preocupación, pero por ahora sólo ha habido casos aislados, de carácter temporal. Se explica más por el ritmo de reposición de los productos, que alguna vez no ha seguido su mayor demanda. En ciudades grandes, las compras por parte de los extranjeros representan un porcentaje muy bajo de la facturación de supermercados y comercios mayoristas.
Precios: se cuenta con información provinciales (no de ciudades específicas) o regionales (cada una incluye varias provincias). Tomando como base el promedio nacional, se observa que los precios en las regiones norteñas NEA y NOA (más vinculados a provincias limítrofes) aumentaron en mayor porcentaje, pero en el periodo 2020/21, y luego viene incrementándose a menor ritmo, lo cual va a contramano de la idea del empuje de precios generado por las compras masivas de los extranjeros
Idem si se consideran provincias. En Mendoza los precios habían aumentado más que en Córdoba y CABA en el periodo 2021/22, pero se revierte esa tendencia en este año, o sea, ha ido en sentido contrario a la hipótesis del empuje de precios por las compras masivas. Además, los precios de alimentos habían aumentado más fuertemente en San Luis, que no recibe gran número de turistas extranjeros.
| Considerando REGIONES | Considerando PROVINCIAS |
Comentarios finales
Las compras masivas por parte de extranjeros explicitan el problema del cepo, con un dólar oficial barato y un blue caro. Complica la vida a los argentinos, no así a los extranjeros vecinos que aprovechan para comprar más barato.
Una preocupación regional es si perjudica a la población de cada lugar en donde se realizan esas compras masivas. En materia de precios, esas compras no generan mayor inflación, pero podría pensarse en precios más altos, en comparación a otras ciudades “no visitadas masivamente por los extranjeros”. No hay datos precisos por ciudad. Los datos provinciales y regionales no validan por ahora esa hipótesis.
Un planteo es si debiera haber discriminación de precios, es decir, precios más altos para los extranjeros. En el exterior, se hace con el uso de tarjetas, por ej., de un supermercado, que generalmente la poseen los habitantes del lugar, y pagan un precio menor. Sin embargo, actualmente los extranjeros no van tanto a supermercados.
Otra preocupación está en el posible desabastecimiento. Por ahora, hay algunas noticias de casos temporarios, pero sólo por un problema del ritmo de reposición. En realidad, se nota más el desabastecimiento de productos que están en el listado de Precios Justos, pero no es por culpa de aquellas compras masivas.
A favor están las mayores ventas, que benefician a los comerciantes del lugar. En las épocas difíciles, el mercado externo es un salvavidas para exportadores y comerciantes. El impacto es mayor en ciudades relativamente más pequeñas, que cuentan con un mercado interno menor.
¿Continuarán esas compras masivas? Acorde a los pronósticos para 2023, las condiciones que las motivan seguirán vigentes. No se espera que se elimine el cepo, y en un contexto de incertidumbre, generado por las elecciones y por la escasez de dólares en el Banco Central, es muy probable que el dólar blue continúe siendo caro, que es el incentivo que atrae a nuestros vecinos de otros países.
Confiando en que haya un cambio sustancial en la política económica a partir del próximo año, estas compras masivas posiblemente disminuyan en un mediano plazo.




