Jorge Vasconcelos y Maximiliano Gutiérrez – Fundación Mediterránea
A fin de abril la tasa de política monetaria bajó al 5,1 % mensual, y en el arranque de mayo el Banco Central decidió una movida adicional, para llevarla al 4,2 %. La inflación núcleo de abril es estimada en el 6 % y las mediciones de alta frecuencia apuntan a un descenso adicional en mayo, pero es probable que la tasa de interés sea negativa contra esa medición, aunque no de la magnitud de comienzos de año: en enero la tasa de política monetaria fue 9,7 puntos porcentuales inferior a la inflación núcleo del mes. De modo paradójico, la menor remuneración de los plazos fijos opera como un “efecto riqueza negativo” sobre los ahorristas (en forma análoga a la pérdida de poder adquisitivo del “dólar billete”) mientras que, del otro lado del mostrador, la tasa hasta ahora no había despertado el interés de las empresas por activar la demanda de crédito, en un contexto recesivo en el que se trata de achicar inventarios.
En reciente reunión de trabajo organizada por la Fundación Mediterránea, el Ministro de Economía Luis Caputo confirmó que el gobierno no quiere correr riesgos innecesarios saliendo apresuradamente del cepo. Así, el bosquejo de la hoja de ruta oficial luce más nítido: mantener el deslizamiento del tipo de cambio oficial a un ritmo del 2 % mensual; seguir bajando la tasa de interés de política monetaria, aunque ahora la diferencia con la pauta cambiaria se ha achicado a 2,2 puntos porcentuales; tratar de evitar que esa dinámica afecte la demanda de dinero, apuntando a una evolución de la Base Monetaria a un ritmo algo superior al de los Pasivos Remunerados; continuar con las restricciones para el acceso al dólar libre por parte de las empresas; seguir alimentando la oferta del CCL con el 20 % de la liquidación de las exportaciones (blend)
Con la importancia que tiene para todo el andamiaje mantener contenidas las expectativas de devaluación, es muy relevante lo ocurrido hasta ahora en el mercado de futuros del ROFEX, con tasas de interés implícitas que se han desplomado entre fin de marzo y fin de abril, pasando del 5,0 % al 3,1 % para operaciones pactadas a fin de julio. El optimismo, de todos modos, se concentra en el corto plazo
Subsiste el “temor a des-cepar” la economía. Influyen las malas experiencias del pasado (el gobierno de Macri terminó reinstalando controles de capitales luego de haber unificado el mercado de cambios) y también riesgos del presente: una eventual presión alcista sobre el tipo de cambio (en caso que se normalicen flujos de oferta y demanda), que obligue a interrumpir el ciclo bajista de la tasa de interés y a acentuar todavía más el ajuste fiscal, con el consiguiente efecto estanflacionario
El efecto del cepo reinstalado a fin de 2019 fue muy explícito en mostrar al crédito al sector privado como la variable de ajuste de la voracidad del sector público. Así, el ratio crédito/depósitos, que había alcanzado un pico del 100,3 % en junio de 2018, descendió en un tobogán, hasta el 44,0 % estimado para abril de 2024. Vale decir, en el presente, de cada 100 pesos de depósitos bancarios sólo 44 pesos se prestan al sector privado
Hay mucho terreno por recuperar en materia de crédito. Con superávit primario la aspiradora de fondos estatal debe ceder. Pero cumplir con esa “condición necesaria” de ningún modo sería suficiente. Hay barreras a la demanda de crédito, caso de la elevada presión tributaria de provincias y municipios. También subsisten diversas regulaciones del Banco Central que limitan la oferta de préstamos, sin olvidar la extensión de los juicios para la ejecución de garantías
Dado que uno de los escenarios de la actual transición es la convergencia a un régimen de “competencia de monedas”, resulta útil considerar la experiencia de Perú a partir de principios de los 90, cuando dejó atrás la hiperinflación. Con “libre elección de monedas”, la economía peruana se “desdolarizó”, pero casi una década después del arranque del esquema. Al principio, el 70 % o más de los depósitos del sistema financiero estaban nominados en dólares, mientras que en el presente esa participación es inferior al 30 %. (Fuente: https://www.ieral.org/noticias/informe)
